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| JULIO DOMINGUEZ
ARJONA 15 de Diciembre 2001
David Fincher cuando rodó Seven , posiblemente le habría quedado mejor si cabe si la hubiera filmado en Navidad , una época donde todo los que nos rodea es casi una invitación a la transgresión de siete pecados capitales y como el soldado de infantería de marina vuelven a casa vuelven eternamente .- De todos ellos el que se lleva la palma es la gula y es tan bueno como otro, para empezar por él Digamos que la palabra gula , en los fastos navideños se queda chica para lo que se nos viene encima . Algunos parecen toreros a la hora de programar sus homenajes navideños de los que hacen ostentación : "Uy el lunes como con los de la oficina en Sevilla, el miércoles ceno con la reunión del rocío en tal pueblo, el sábado nos vamos a comer no se cuanto kilos de chuletas de ternera ( ibérica por supuesto, toda la carne sea de lo que sea es ibérica ) con los que juego al "futbito" y así un interminable rosario, rematado con la cena de Nochebuena en casa de los padres de ella y la Nochevieja en la cena con los padres de él , y al día siguiente almuerzo de Navidad y Año Nuevo para comerse todo lo que no se puedo cenar la noche anterior .Como los protagonistas de La Gran Comilona de Marco Ferreri , encerrado en una mansión de una orgía culinaria Este pecado va íntimamente unido a la pereza de la mesa camilla, tirados en el sofá de aquella manera que a nadie le importa, sumidos en un sopor mitad por el calor de la calefacción, mitad por los efluvios etílicos , todo ello aderezado por el surtido navideño de turrones, mantecados, que de forma displicente cogemos desde nuestra empotrada postura en el sillón, mientras contemplamos con indolencia ante el televisor los lejos que está el mundo en que vivimos y sus desgracias , llevándonos al mismo estado de desídía que el protagonista de El Sirviente de Joseph Losey Y hablando de desgracias llegamos al maniqueismo navideños donde se confunde la avaricia con la falsa generosidad. Es curioso desde la infancia me llamó poderosamente la atención las campañas de Navidad, para niños con terrible enfermedades, para los pobres, en suma para los necesitados y siempre me he formulado la misma pregunta, ¿que ocurre que el resto del año los necesitados, no están necesitados? Como en Placido la genial película de Luis García Berlanga, tenemos que sentar simbólicamente un pobre a nuestra mesa , en Navidad , para expiar nuestra insolidaridad del resto del año .- Pero esa confusión de avaricia con una farisaica generosidad, también se da con la soberbia y la envidia teñida de una temporal humildad. y caridad Ese vecino que nos perdona la vida , cada mañana al coger el ascensor y ni nos saluda durante todo el año , en estos días sufre como una enajenación metal y nos repite una y otra vez "felicidades, felicidades " con una efusión como si nos hubiera tocado la lotería ; ese compañero de trabajo que no nos da un soplo en un ojo, tras la inevitable comida navideña, nos abre su corazón e incluso llegamos a temer que nos vaya a pedir en matrimonio. Este efecto hipócrita afortunadamente solo dura unos días y el resto del año todo vuelve a la normalidad, y volvemos a las miradas por encima del hombro de su soberbia, aunque mas de uno tenga que subirse en el cajón de la envidia en su mal entendida auto estima . como el protagonista de El ultimo de Murnau que salía de su casa con un uniforme para aparentar ante sus vecinos un empleo que no tenia .- Existe una tradición mejicana navideña por la cual una piñata tenga las forma que tenga tiene que tener obligatoriamente siete puntas representando los siete pecados capitales y el hombre con los ojos vendados representado la fe ciega debe de romperlos con un palo, lo que seria un buen arma para darle a mas de uno en la cabeza y convertir la ira de la exigencia , de la prisa o del avasallamiento a desbordados dependientes de comercios o restaurantes en estos fastos navideños ,en paciencia como el joven niño rico de Capitanes intrépidos de Victor Fleming donde unos modestos pecadores le dieron toda una lección de saber vivir en autentica tolerancia - Oiga que se le olvida un pecado
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