JULIO DOMINGUEZ ARJONA Sevilla 20 de Enero de 2006
Don Victor José Gonzalez Ramallo nos hace
como siempre esta interesante entrega :
La reorganización de los fondos
del Coleccionable
de la Semana Santa ha dejado al descubierto
una ausencia difícilmente justificable. Nosotros éramos conscientes
de esta ausencia no premeditada y revolvíamos día tras día
nuestros archivos buscando una imagen inédita, que tratándose
de devoción tan popular se resistía a aparecer. La situación
nos recordaba a la de un pregonero de los años cincuenta, galeno
como el que suscribe, cuyo Pregón iba alcanzando su final ante la
ansiedad del público del teatro San Fernando. De hecho, el último
párrafo de su Pregón de Semana Santa comienza con "Y DIREIS...
¡¡¡NO LA NOMBRA¡¡ Y es, que, como el mismo
Dios, se la nombre o no se la nombre, siempre está presente".
Encontrar un aspecto desconocido de la
Macarena nos ha supuesto un reto que no podíamos aplazar. Por ello
hemos traído la fotografía de hoy, que si bien carece de
la luminosidad que irradia la contemplación de su bendito rostro,
concita aspectos muy singulares. Vemos la trasera de su inconfundible palio
rojo en la versión original de Rodríguez Ojeda antes de que
fuera suprimido por Caro en 1942 el terciopelo grana de las bambalinas.
El manto parece que se trata del conocido como el "de tisú" igualmente
juanmanuelino y estrenado en 1930. Pero sin duda lo que más llama
la atención y nos permite situar históricamente la toma es
el marco arquitectónico y el ambiente popular. Con respecto a este
último tras el palio destaca un tricornio y muchos de los asistentes
saludan con el brazo derecho extendido lo cual nos sitúa inevitablemente
en los años de la Guerra Civil o de la postguerra inmediata antes
de la prohibición por el Cardenal Segura de este tipo de saludo
dirigido a las Sagradas Imágenes. Para ser exactos el saludo brazo
en alto era obligatorio para la población civil al interpretarse
el himno nacional en cualquier acto público desde abril de 1937
hasta septiembre de 1945. Por tanto este saludo no se dirigía propiamente
a las Sagradas Imágenes si no como homenaje a la interpretación
de la Marcha Real, símbolo recuperado de España. Por tanto
asistimos al momento en el que el paso de palio de la Virgen Macarena está
culminando su entrada en el templo.
Ahora bien, de que templo se trata. Algunos
pensaran al ver la fachada renacentista con arco de medio punto flanqueada
por columnas de fuste estriado en la Iglesia de la Anunciación,
sede provisional de la hermandad tras la destrucción de San Gil
en 1936. Sin embargo la presencia de columnas pareadas y de tres relieves
de mármol blanco con las Virtudes Teologales nos llevan a buscar
otro escenario. Concretamente la iglesia que ocupa uno de los patios delanteros
del Hospital de las Cinco Llagas. Este grandioso edificio está ocupado
desde 1992 por el Parlamento de Andalucía, constituyendo la iglesia
la sala de plenos.
El forzoso traslado de la cofradía
macarena a la Anunciación podía suponer su alejamiento de
su barrio tradicional en su salida procesional. Para intentar remediarlo
en la Semana Santa de 1937 la procesión hizo a la vuelta un extraordinario
rodeo para acercarse al mismo, entrando en los patios del hospital que
a la sazón hacía honor a su nombre atendiendo a los numerosos
heridos de la contienda fraticida. Una vez realizada la visita y en la
misma mañana del Viernes Santo, retornó a la Anunciación.
A partir del año siguiente se consideró el recorrido como
exagerado para hacerlo en una sola jornada y la Virgen quedaba depositada
en la iglesia del centro hospitalario para regresar en procesión
gloriosa el Domingo de Resurrección a su sede provisional. Esto
ocurrió hasta que en 1942 la hermandad pudo retornar a la parroquia
de San Gil una vez parcialmente restaurada.
No era la primera vez que la cofradía
hacía estación en el Hospital de las Cinco Llagas pues ya
lo había realizado a mediados del siglo XIX el cuerpo de nazarenos
y el paso del Cristo de la Sentencia, pero entonces los devotos de la Virgen
de la Esperanza impidieron su entrada en el recinto. Una leyenda afirmaba
que la Virgen fue propiedad inicialmente de la institución hospitalaria,
realizándose un intercambio de la imagen por un reloj de pared.
Entre las cláusulas de recisión del contrato se establecía
que si la Virgen de la Esperanza traspasaba las puertas del Hospital, la
imagen volvería a ser de su propiedad. Los huertanos decimonónicos
dieron pábulo a esta leyenda, pero los macarenos del siglo siguiente
hicieron prevalecer sus deseos de tener cerca aunque fuese por unas horas
a su Bendita Madre, exiliada todo el año lejos de su barrio, sobre
el hipotético riesgo de perderla.
Para documentar el recorrido insólito
de estos años (1938-1941) aportamos de nuestra colección
las hojas correspondientes a la Madrugada del programa oficial del ayuntamiento
de 1938.