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EL PASO DE LAS AZUCENAS. EL PASO DE LA SOLEDAD DE SAN LORENZO. LA MANIGUETA DEL PINTOR   
EL COLECCIONABLE 
DE
LA SEVILLA QUE NO VEMOS

 


EL PASO DE LAS AZUCENAS
 


 

 
 
 
JULIO DOMINGUEZ ARJONA
Sevilla 11 de Octubre   de 2007

Continuando con las personalidades ligadas a la Hermandad de la Soledad, nos ocupamos hoy de un afamado pintor, que, al contrario que el protagonista de nuestra anterior entrega, sí recibió el reconocimiento en vida, perpetuándose su memoria por un hecho singular.

Nos estamos refiriendo al pintor Santiago Martínez Martín (Villaverde del Río 1890, Sevilla, 1979), felicísimo y desinteresado autor del diseño del actual paso de la Virgen de la Soledad.

Boceto

Los laboriosos trabajos preparatorios que abarcaban todos los elementos lígneos de las andas los inició en 1947, si bien hasta finales de 1949 no se inició realmente su ejecución. En la talla intervendrían, bajo la supervisión del Maestro Curro, otros tres franciscos, Carrero, Rivette y  Bailac, siendo el dorado obra de Manuel Calvo Camacho.-

Los tondos de imaginería, a excepción de la imagen de la Asunción que preside la hornacina frontal que es obra dieciochesca, fueron ejecutados por Manuel Vergara Herrera siguiendo los diseños de Santiago Martínez, tal y como podemos comprobar en una de nuestras fotografías en la que se aprecia el boceto y la talla terminada de una de las tres Marías concretamente Maria Magdalena.-

El paso se estrenaría totalmente terminado el Viernes Santo de 1951, constituyendo sin duda el acontecimiento más importante de esa Semana Santa. La suntuosidad, belleza y elegancia se conjugaban con un rico programa iconográfico en el que destacan las innumerables azucenas policromadas en su color, hasta el punto que el paso fue conocido en sus primeros años como el  "paso de las azucenas". Podemos decir que esta obra supuso un antes y un después para la cofradía de la Soledad que pasó en esos años de ser el cierre humilde y casi solitario de la Semana Santa tal y como los describieron Romero Murube y Rodríguez Buzón en sus pregones, al broche de
oro de la Semana Santa que hemos conocido.

La hermandad de la Soledad se mostró enormemente satisfecha con el resultado de este original diseño y a poco de su estreno decidió agradecer a Santiago Martínez este proyecto que había realizado de forma totalmente desinteresada. Para ello decidió ceder a perpetuidad el honor de acompañar a la Santísima Virgen de la Soledad asido a la manigueta delantera derecha para el pintor y sus descendientes directos. Este privilegio ha sido ejercido de forma ininterrumpida desde hace más de cincuenta años, por el propio autor y por sus hijos mayores, Santiago y Carlos Martínez Caro

En  esta  fotografía vemos el paso reluciente, a poco de su estreno, ocupando una de las naves laterales de la parroquia de San Lorenzo. Los paramentos del templo lucen el avitolado simulando mampostería que presentaban antes de su restauración. 

Con gran acierto la hermandad quiso recuperar recientemente este magnífico aspecto del paso, dorando y estofando las azucenas en su blanco original durante 2005 y 2006 ya que las mismas casi pasaban desapercibidas por el paso del tiempo.( fotos siguientes )

Antonio Burgos, "La maniguetadel pintor"

 "Ha reunido Sevilla en estos días la obra de dos pintores que coincidieron en el tiempo y que suponen dos formas de ver la realidad. Academicista y clásico el uno, Santiago Martínez, bohemio e innovador el otro, Baldomcro Romero Ressendi, que es de esos apellidos que tienen pronunciación a la sevillana: se escribe Ressendi pero se pronunciaba «Rosendi» en la ciudad que se escandalizaba en los altos del Hernal con sus tentaciones de San Antonio, que tuvo en las pastorales del cardenal Segura su mejor propagandista, al anatematizarlas en el mismo infierno que aquel ayuntamiento de Los Palacios al que excomulgó en pleno y bajo mazas por haber permitido el baile agarrado.

Las dos caras del Jano de Sevilla siempre presentan estas dualidades. La Sevilla que se escandalizaba con Ressendi compraba para sus salones los paisajes de Santiago Martínez, sus bailarinas de encajes blancos, sus interiores de templos en días de función principal de cofradías. No hay que hacer término antagónicos en este universo. Tan Sevilla es la de Ressendi como la de Martínez.

Es lástima que la exposición del pintor maldito no haya reunido los objetos de su ciudad. La antológica de Santiago Martínez sí reúne ese mundo personal, de palmas académicas de Francia, de placas de la Orden de Alfonso el Sabio, de carnés para entrar de oficio a la Exposición Iberoamericana... En aquellas vitrinas, tan llenas de muerte, vi sin embargo un trozo de Sevilla viva. Están en la exposición los bocetos que hizo Santiago Martínez para el paso nuevo de su cofradía, la Soledad de San Lorenzo. Y en la vitrina, un pergamino cofradiero, escrito con letra pretendidamente arcaizante, singularísimo.

En 1951, después de haber terminado el paso nuevo, por el que el artista no cobró una peseta, se reúne el cabildo de oficiales de la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo, la de Joaquín Romero Murube, la de los Petit. Y demuestra una vez más que la vida es fuente de derecho. La Hermandad, reunida aquel lejano día de la Sevilla de los tranvías, acuerda pagar a Santiago Martínez su trabajo del modo que sólo la ciudad sabe hacerla: con un bien intangible, inmaterial. Se decide conceder a perpetuidad a Santiago Martínez, para sí y sus herederos por línea directa, la propiedad del derecho a servir como nazareno, en la estación de penitencia del Viernes Santo, la manigueta derecha del paso de la Soledad. Estas son las ocultas monedas de plata con las que paga Sevilla. Algo que nadie fuera del universo estético de la ciudad comprenderá. A Santiago Martínez, pintor académico, le pagaron en su cofradía con los universales: el Bien, la Verdad, la Belleza para sí y sus herederos por línea directa.

Alguien tendría algún día que estudiar las instituciones jurídicas que origina en Sevilla la Semana Santa. En muchos contratos de inquilinato de pisos de la carrera oficial, la propiedad se sigue reservando el derecho de usar los balcones cuando pasan las cofradías. Hay pactos no escritos entre derechos en litigio que son las concordias entre cofradías, como ese rito que se repite cada madrugada, en que la Macarena le cede su lugar más antiguo al Gran Poder todos los años con la misma fórmula: «Por una sola vez y sin que sirva de precedente». Me ha emocionado este papel de la Hermandad de la Soledad en una vitrina de la exposición de Santiago Martínez. Un papel lleno de vida, entre tanta muerte. Cada Viernes Santo, cuando vea a la Soledad camino de San Lorenzo, acompañada por la luna del verso de Antonio Rodríguez Buzón, me imaginaré una de esas leyendas del Bécquer vivo, y es que el pintor sigue viniendo todos los años, por unas horas, para tomar posesión de su derecho al Bien, a la Verdad, a la Belleza."
Diario 16 de Andalucía, 25 de octubre de 1990

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