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EL TEMPLETE
 
 

UN CONQUISTADOR SEVILLANO PARANORMAL

 


JULIO DOMÍNGUEZ ARJONA 
9 de Octubre de 2015
Como diría mi sinceramente admirado Iker Jimenez, "Bienvenidos a la nave del misterio", pues hoy les traigo otra visión de la conquista de América , donde un conquistador sevillano en sus mágnificas crónicas andinas , incluye en sus cuidados relatos ,va ma allá datos geográficos, étnicos, zoologicos, bélicos, etc
incluyendo sin complejos y naturalidad  algunas cosas de dificil explicación , como el mismo dice :" y otras cosas extrañas dignas de ser sabidas" .-

Pedro Cieza de León (Llerena, España, 1520 - Sevilla, España, 2 de julio de 1554 ) fue conquistador, pero sobre todo, cronista e historiador del mundo andino. Escribió una Crónica del Perú en cuatro partes . Se tiene constancia de que salió de Sevilla el 3 de junio de 1535, rumbó a América En América y sobre todo en Cartagena de Indias desempeñó una gran actividad en expediciones, fundaciones, encomiendas gubernamentales y otros cargos, aunque su obra principal, y por lo que es recordado, es como les comentaba por su extensa crónicas.-

Pedro Cieza de León fue le primer europeo en contemplar y hacer las primeras referencia escrita a las impresionantes y misteriosas lineas de Nazca en 1547 haciendo referencia a ellas como  “señales en algunas partes del desierto que circunda Nazca”.-



Pero profundizando mas en sus Crónicas de Perú , le extraigo parte del texto literalmente, que parecen escapado del guión de la serie Sobrenatural , donde relata con todo lujo de detalles la presencia combativa tanto de seres celestiales , como de  demonios;  asi como diversos  fenómenos paranormales en el siglo XVI en las Américas . A mi no me miren,  saquen ustedes sus propias conclusiones :

CAPÍTULO CXIX
Cómo se han visto claramente grandes milagros en el descubrimiento de estas Indias, y querer guardar nuestro soberano señor Dios a los españoles y cómo también castiga a los que son crueles para con los indios

Y así estos trece cristianos con su capitán descubrieron al Perú. Y después al cabo de algunos años cuando el mismo marqués con ciento y sesenta españoles entró en él no bastaran a defenderse de la multitud de los indios, si no permitiera Dios, que hubiera guerra crudelísima entre los dos hermanos Guáscar y Atabalipa, y ganaron la tierra. Cuando en el Cuzco generalmente se levantaron los indios contra los cristianos no había más de ciento y ochenta españoles de a pie y de a caballo. Pues estando contra ellos Mango Inga con más de doscientos mil indios de guerra y durando un año entero, milagro es grande escapar de las manos de los indios, pues algunos de ellos mismos afirman, que veían algunas veces, cuando andaban peleando con los españoles, que junto ellos andaba una figura celestial que en ellos hacía gran daño .

Y vieron los cristianos que los indios pusieron fuego a la ciudad, el cual ardió por muchas partes, y emprendiendo en la iglesia, que era lo que deseaban los indios ver deshecho, tres veces la encendieron, y tantas se apagó de suyo, a dicho de muchos que en el mismo Cuzco de ello me informaron, siendo en donde el fuego ponían paja sin mezcla ninguna


CAPÍTULO CXVII
En que se declaran algunas cosas que en esta historia se han tratado cerca de los indios, y de lo que acaeció a un clérigo con uno de ellos en un pueblo de este reino


Y otros que se llaman Homo, a los cuales preguntan muchas cosas por venir, porque hablan con el demonio, y traen consigo su figura hecha de un hueso hueco, y encima un bulto de cera negra que acá hay. Estando yo en este pueblo de Lampas, un jueves de la cena vino a mí un muchacho mío que en la iglesia dormía muy espantado, rogando me levantase y fuese a bautizar a un cacique que en la iglesia estaba hincado de rodillas delante de las imágenes, muy temeroso y espantado. El cual estando la noche pasada, que fue miércoles de tinieblas metido en una guaca, que es donde ellos adoran, decía haber visto un hombre vestido de blanco, el cual le dijo que qué hacía allí con aquella estatua de piedra, que se fuese luego, y viniese para mí a se volver cristiano

CAPÍTULO CXVIII
De cómo queriéndose volver cristiano un cacique comarcano de la villa de Ancer veía visiblemente a los demonios, que con espantos le querían quitar de su buen propósito

Y es que siendo gobernador de la provincia de Popayán el adelantado Belalcázar en la villa de Ancerma donde era su teniente un Gómez Hernández sucedió, y casi cuatro leguas de esta villa está un pueblo llamado Pirsa; y el señor natural de él, teniendo un hermano mancebo de buen parecer que se llama Tamaracunga, e inspirando Dios en él, deseaba volverse cristiano, y quería venir al pueblo de los cristianos a recibir bautismo. Y los demonios que no les debía agradar el tal deseo, pesándoles de perder lo que tenían por tan ganado, espantaban aqueste Tamaraqunga de tal manera, que lo asombraban. Y permitiéndolo Dios, los demonios en figura de unas aves hediondas llamadas auras, se ponían en donde el cacique sólo las podía ver. El cual como se sintió tan perseguido del demonio, envió a toda prisa a llamar a un cristiano que estaba cerca de allí, el cual fue luego donde estaba el cacique, y sabida su intención lo signó con la señal de la cruz, y los demonios lo espantaban más que primero, viéndolos solamente el indio en figuras horribles.

El cristiano veía que caían piedras por el aire y silbaban. Y viniendo del pueblo de los cristianos un hermano de un Juan Pacheco vecino de la misma villa, que a la sazón estaba en ella en lugar del Gómez Hernández, que había salido a lo que dicen Caramanta, se juntó con el otro y veían que el Tamaracunga estaba muy desmayado y maltratado de los demonios, tanto que en presencia de los cristianos lo traían por el aire de una parte a otra, y él quejándose y los demonios silbaban y daban alaridos. Y algunas veces estando el cacique sentado, y teniendo delante un vaso para beber, veían los dos cristianos cómo se alzaba el vaso con el vino en el aire, y dende a un poco parecía sin el vino, y a cabo de un rato veían caer el vino en el vaso, y el cacique atapábase con mantas el rostro y todo el cuerpo por no ver las malas visiones que tenía adelante. Y estando así sin se tirar ropa ni desatapar la cara, le ponían barro en la  boca, como que le querían ahogar. En fin los dos cristianos que nunca dejaban de rezar, acordaron de se volver a la villa y llevar al cacique para que luego se bautizase.


No fue el único , si le interesa el tema : Un sevillano descubridor de meteoritos




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