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| Un Nobel Rey Mago
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| JULIO DOMINGUEZ ARJONA 5 de Enero de 2006
Los sevillanos añaden a las tradicionales aspiraciones vitales que decía Ernest Hemiguayde : "tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro", las de ser Pregonero, si es posible de la Semana Santa y ejercer de Rey Mago en la Cabalgata del Ateneo y ser Presidente de algún equipo de la ciudad .- Hasta no hace mucho y con honrosísimas excepciones el Pregón parecía coto cerrado para profesionales del Derecho y de la Medicina. A estas dos profesiones liberales, también muy representadas en la nómina regia de la Cabalgata, el Ateneo ha añadido tradicionalmente las de matador de toros y empresario local, por aquello de cuidar la siempre débil economía de un cortejo que, no lo olvidemos, se organiza por una entidad privada.- Repasando nuestro archivo fotográfico hemos encontrado una imagen de enero de 1924, séptima edición de la Cabalgata, en la que nos ha llamado la atención la identidad de uno de los monarcas. Nos estamos refiriendo a S. M. Gaspar VII, encarnado por el escritor teatral madrileño Jacinto Benavente Martínez (1866-1954) que acababa de ser galardonado en 1922 con el Premio Nobel de Literatura. Sus compañeros de terna fueron el abogado y concejal del ayuntamiento, Adolfo Lama Collado (Melchor VII) y el laureado pintor Santiago Martínez (Baltasar VII), conocido en el mundo cofradiero por ser el diseñador del original paso de la Soledad de San Lorenzo. Con independencia de la opinión actual sobre su obra literaria, es indudable que, con el nombramiento de Jacinto Benavente, entonces en la cumbre de su fama, se intentaba dar un marchamo de prestigio a la Cabalgata, superando el localismo de las designaciones previas. Con posterioridad la presencia de personalidades no sevillanas en la terna de Reyes Magos ha sido excepcional, entre las que podemos destacar a Eduardo Marquina y José Maria Pemán en la década de los cuarenta.- La fotografía que
aportamos está realizada en el ruedo de la Maestranza, punto de salida
de la Cabalgata desde su segunda edición hasta 1950, trasladándose
al año siguiente a un tinglado tras los jardines de San Telmo, donde
la hemos conocido hasta muy recientemente. Los Reyes no iban en carroza sino
a lomo de diversos animales. Este año los tres montaban a caballo
pero en los años inmediatos los monarcas fueron obligados a subirse
a camellos, dromedarios o elefantes que se reclutaban en circos. De hecho,
el pánico que le supuso a Baltasar I (Javier Lasso de la Vega) enfrentarse
a la doma de un camello malhumorado obligó a buscar una solución
de emergencia. Sin tiempo para el habitual tizne del último rey, el
inicialmente designado abdicó en Antoñito, el botones de raza
negra del Teatro Llorens, único monarca anónimo de toda la
saga. Don Jacinto, casi en la sesentona, compuso un Gaspar más que
digno, no precisando de los habituales postizos. No era la primera colaboración
del afamado escritor con el Ateneo, ya que años antes parece ser que
había participado en el reparto de juguetes por diversos hospicios
que organizaba la entidad, gracias a su amistad con significados ateneístas
como José María Izquierdo, José Andrés Vázquez
o José Muñoz San Román.
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